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18 de febrero de 2014

“La lealtad debería desterrarse de la empresa”

Es una entrevista antigua pero las cosas que dice la "Doc" están siempre actualizadas..una maravilla, doy crédito.

“Dignidad, frescura y vigor, ello caracteriza a quienes juegan a la eternidad”, afirma la muy prestigiosa consultora empresarial y organizacional Dalila Platero. Hubiese querido ser gondolera veneciana o piloto de aviones, y cree que normar la jubilación a los 65 años es una estupidez. A sus 74, Dalila –quien  trabaja como “pensadora de cabezas” según sus nietos– conversó por más de tres horas con Perú Económico.  
 
Cuéntanos un poco más de ti, ¿qué has estudiado?
Primero estudié filosofía, luego psicología, después hice un posgrado en administración de empresas, pero en eso me considero un desastre. Genuinamente, me identifico más con la filosofía, en ello he hecho un PhD.
 
Heráclito decía que mucha erudición no da comprensión.
Eso es verdad absolutamente, y hay que enseñar a los empresarios a comprender, y a comprehender con “h”.
 
¿Cómo fue tu niñez?
Mi papá fue matemático y astrónomo, era director del observatorio de La Plata. Yo viví en ese mundo intelectual, pero cuestionable, porque mi familia era muy cucufata. Cuando a mí se me ocurrió estudiar filosofía mi padre me dijo que yo estaba loca, que debería seguir su camino, me dijo que debería estudiar matemáticas y yo para ello… con decirte que mi capacidad da para llenar un cheque y cobrarlo; fuera de eso, nada.
Ahora bien, en mi niñez fui ratón de biblioteca; además, tuve una extrema curiosidad por todo, y eso me permitió conocer muchas cosas, a pesar de tener un hogar rígido. Mis padres eran, por una parte, italianos y, por otra, irlandeses, ya te imaginarás cómo era eso. Pienso que no hay ninguna familia donde la infancia sea perfecta. De ahí la importancia de que el pasado se terminó y ya no existe.
 
¿Qué imagen tenías del universo?
No me digas eso porque en este país he venido sufriendo sobre dos episodios recientes. Me subí al techo, al piso seis de donde vivo para ver la lluvia de estrellas fugaces, y ese día estuvo nublado; cuando hubo el eclipse igual. Pero el anteaño pasado coincidimos con Felipe y Gabriel Ortiz de Zevallos en Bariloche, y fue el día en que más cerca estaba la luna de Marte, y fue un espectáculo de maravilla. Cuando vivía mi papá era una pelea, porque para él todo eso era la demostración de la existencia de Dios y, como yo era agnóstica... ya te imaginarás. Claro, a pesar de todo eso yo seguía rezando el rosario.
 
¿Y cuándo viniste al Perú?
En realidad, vine por cuestiones familiares, emocionales y sentimentales. Yo hice un curso de psicodrama en Buenos Aires, y ahí fueron unas señoras peruanas. A una le tocó ser de amante y la hizo muy bien. Al final me enteré de que era una monja. Ella me invitó, junto con la Asociación Psiquiátrica Peruana para dar el curso aquí. Yo, que estaba en un proceso de divorcio, decidí venir con mis cinco hijos. Me apasionó el Perú, me casé con un peruano y me quedé. Entré tanto al Perú que ahora dos de mis hijos viven aquí, uno es casado con una peruana, tengo nietos peruanos y argentinos. Se van a reír, pero mis nietos peruanos son los únicos que no suelen decirme Dalila, sino gordita, o más aún… baleine blue.
 
¿Y qué es lo que más te gusta del Perú?
Los hombres no, porque la mayoría son feos (risas). Y con excepción de Lima, me gusta todo el Perú (risas). No, en realidad, les puedo decir que en Argentina tengo buenos amigos, pero aquí los tengo entrañables, parecen ya mi familia. Además, si tú sales de Lima a la sierra, la lluvia es maravillosa. El olor a tierra mojada es divino. Eso es también algo que extraño de Argentina, allá hay lluvias fuertes pero aquí no, con este cielo… como ustedes dicen “color panza de burro”.
 
¿Qué pasa con la gente que trabaja demasiado, se puede ser feliz trabajando 12 horas diarias?
Cuando tienes 25 ó 40 años te puedes permitir trabajar 12 ó 14 horas. Pero eso significa que no sabes administrar tu tiempo. Muchos dicen que trabajan por deber, por un imperativo y, sin embargo, con ello se van minando la vida, se están preparando para tener una vejez de lo peor.
Si a una edad temprana equilibras el tiempo y dices: “esto es para trabajar” y paralelamente tienes una zona de ocio creativo, que te estimule, que es tu espacio, en donde no entra ni tu mujer, ni tus hijos, ni tus amantes; entonces se puede decir que tienes dominio de tu vida. El espacio para uno mismo es importante porque hay mucha gente que dice: “yo disfruto con mi familia, mis hijos”, cuando en realidad no disfrutan nada; cuando regresan después de un paseo, de haber peleado con todo el mundo están más estresados que cuando se fueron.
En cuanto al trabajo que se lleva a casa, es comprensible que se lleve para un sábado, pero si se lleva la computadora hasta a la playa, eso ya linda con la patología. Tenemos que hacer un espacio para la empresa, para el placer que producen las relaciones afectivas y un espacio para las cosas que haces para ti. Lo cual incluye ejercicios y deportes como tai-chi, tai kwon do, artes marciales en general. Pero también el deporte debe gustar, no tiene que ser un deber kantiano.
 
¿Y cuál es su espacio de liberación?
Para mí lo fundamental son los viajes, éstos me desconectan de maravilla y mantienen intacta mi curiosidad. Pero hay también toda una cuestión sobre los viajes. Algunas personas viajan para conocer todo Venecia, pero van sólo dos días, y a Venecia jamás la vas a conocer en dos días. Hay otros, entre los cuales me incluyo, que gastan porque quieren el placer de volar en un Air France en primera clase; es como si tuvieran el placer de los placeres. No obstante, también se puede disfrutar trepando una montaña o visitando Huancayo, no importa el lugar sino lo que implica. Pero es genial salir del espacio en donde estás sumido todos los días. ¿La edad?, no tiene nada que ver, pues, conozco personas de 68 años o más que practican alpinismo y otras que se lanzan del avión. Lamentablemente hay muchos hipocondríacos que temen a todo. 
 
¿Eso incluye a los que encuentran bacterias en todo?
Sí, muchos comienzan una muerte lenta pensando en las bacterias, porque se resisten a aceptar los estímulos de la realidad. No se sientan en el pasto porque temen a la bacteria de no sé qué y entonces ya no pueden vivir. Hace poco he tomado antibióticos, pero le he dicho a mi doctor que ya no los voy a volver a tomar. Los médicos dicen que todos deben hacerse un chequeo general cada año. En mis 74 años yo jamás he hecho eso. Quizá tenga el colesterol alto pero no importa, porque yo tengo una teoría: uno tiene que jugar a la eternidad. ¿Qué significa esto? Sabemos que nos tenemos que morir, pero ¿cuándo? Si vives el presente intensamente motivado, entonces cuando te llega, te llega, ¿y qué problema hay con ello?
 
¿Y qué pasa cuando ves que tus amigos y familiares van muriendo?
Claro, a mí me ha pasado eso. Por ejemplo, de mi generación de la universidad no queda nadie, todos se han “morido”, como dicen en Argentina. Yo he tenido unas experiencias de vida profundamente dolorosas. Tuve cinco hijos, de los cuales murieron dos, uno de 23 y la otra de 27. Cuando tienes esas experiencias te cambia por completo el sentido de la vida, pero no para estar lamentándose preguntando por qué me pasó esto a mí, qué desgraciada que soy, sino porque eso te permite comprender que cada uno tiene un ciclo. Hubert Lanssiers decía que los que mueren jóvenes es porque los dioses realmente han pensado que son flores para otros espacios. Yo soy agnóstica y él era muy creyente, pero concuerdo absolutamente con él en eso.
En general, de la manera cómo vives en el espacio donde estás es como seguirás viviendo en tu vida adulta, que equivocadamente se llama tercera edad. Ahora, te puede ocurrir que el avión se caiga, o tantas otras cosas, pero eso es otra cosa.
 
Con respecto a los empresarios, ¿el peruano es distinto del latinoamericano?
Pues Chile y Argentina tuvieron por mucho tiempo empresarios “gerontos”; es decir, de 50 para arriba. Cuando viene esto de los Chicago Boys a Chile comienzan a poner de gerentes a jóvenes de 30, y los venezolanos acompañan esta tendencia. En el caso de Uruguay ellos siempre pusieron el acento en poner a gerentes de 60. Brasil, por su parte, puso énfasis en gente joven. Colombia también fue uno de los primeros países que puso énfasis en graduados jóvenes, en quienes venían de las universidades estadounidenses y europeas. En cambio, España sí tenía una vocación por poner de gerentes a gente mayor de 60. Era algo versallesco y pienso que el Perú ha heredado mucho de España.
Ahora, te diré que de alguna forma estas visiones son absurdas, porque puede haber alguien joven con un background extraordinario, pero que tiene una inmadurez total, como puede haber alguien que tenga 60 con una experiencia muy rica. Son casos absolutamente individuales.
 
Tres estilos gerenciales, personajes, que admiras en el Perú …
Uno es Walter Piazza, quien tiene su cerebro intacto. Hablas con él, lo ves actuar y tranquilamente es un hombre de 30. Hay otros que no son gerentes pero que me parecen fuera de serie. Uno de ellos es Luis Jaime Cisneros, que debe estar por los 80 y tiene una capacidad intelectual, una creatividad y un sentido del humor extraordinarios. También tienes a Francisco Miró Quesada, quien habla de Wittgenstein y otros autores con una lucidez admirable.
 
Francisco Miró Quesada dice que su padre lo apoyó en todos sus intereses. ¿Qué importancia tiene la niñez para desarrollar esa sensibilidad y lucidez?
En realidad, eso no es algo que podamos llevar al terreno universal. Tú encuentras a personas que tuvieron padres no estimulantes, sesgados, y que por ello han vivido malas adolescencias y, sin embargo, llegan a la vida adulta, me refiero a los 80 años, con una vitalidad y lucidez fuera de serie. Es por este fenómeno de la resilience (resiliencia). Hay personas que han tenido experiencias de lo más espantosas y han podido salir de eso. Se dice, también, que hay un componente genético: si genéticamente tienes todos estos componentes de energía y de frescura, eso va a hacer que llegues a una vejez de esa naturaleza. Pero nada es determinante, tampoco podemos llegar a teorías mecanicistas, porque entonces llegamos a esta polémica, natura versus cultura; llegamos a estas estupideces que dicen que el líder no nace sino que se hace. La creatividad y el liderazgo están escritos en los cromosomas. Por ello, si no tienes esa dotación genética por más cursos que tengas… nada.
 
¿Pasa lo mismo con la felicidad?
Sí. Hay alguien que dice: “yo tengo todo, pero no soy feliz”; sin embargo, el tener todo no tiene nada que ver con ser feliz, son cosas distintas. Yo pienso, más bien, que es un descubrimiento paulatino en donde uno dice qué es lo que quiere que pase con su vida. Así como la moda del coaching, que felizmente ya va pasando, ahora se han puesto de moda los cursos sobre cómo ser feliz. Sobre cómo llegar a la longevidad se puede hacer un curso, pero sobre la felicidad es otra cosa.
 
¿Qué extrañas de Argentina?
Los cafés y las librerías. En el Perú no hay mucho estímulo intelectual y a mí me gusta salir a comprar libros. Aquí sólo hay dos librerías adonde voy; en cambio, en Buenos Aires hay una al lado de otra. Si yo quiero The New York Times tengo que encargarlo. Por ello es que la media de los empresarios peruanos no es muy intelectual. Claro, hay excepciones brillantes.
 
¿En qué debería preocuparse el empresario peruano?
Fundamentalmente en cultura, no me refiero en términos antropológicos sino como acopio de información, pero parece que no les interesa mucho. No me refiero a que sean grandes intelectuales, pero en plena globalización se están mirando el ombligo. Se ocupan de asuntos muy hacia dentro de la empresa. Quizá algunos vayan a un concierto, por ejemplo, pero es por ver el show, nada más. Si yo hago una encuesta para saber quiénes conocen a Coetzee o a Wittgenstein tal vez dos me respondan. Mientras más se enriquecen en su universo personal como empresarios, más elementos tendrán para convertir a su empresa en un centro de aprendizaje y no tanto en un centro en donde se aprende cómo vender mejor el cebo de culebra.
 
¿Qué se podría hacer frente a ello?
Pienso que se puede hacer mucho con los jóvenes, quienes ahora manejan mucha información y deben aprender a manejar la incertidumbre, porque no todo está en el plan estratégico. Sobre eso les contaré una anécdota buenísima. Ocurre que para un congreso de gerencia de IPAE mi invitado no pudo venir, y mandó su ponencia en un vídeo. Pero debido a una confusión se puso el vídeo de Mr. Bean (comediante británico). Cuando se proyectó no sabíamos qué hacer, entonces me paré y les dije: “esto es un ejemplo de cómo se debe manejar la incertidumbre, ha sido un ejercicio de soltura”.
 
¿Qué tanto influye la cultura tradicional peruana en la mentalidad empresarial?
Pienso que hay mucho de versallesco, la gente tiene dinero para hacer cursos en Europa, Estados Unidos o Shangai pero luego vuelven y dicen vamos a mantener los valores tradicionales. Por ejemplo uno de esos valores es la lealtad, yo pienso que ese término debe desaparecer de la empresa, porque ésta es un lugar de intercambio. El trabajador recibe algo y la empresa también, pero cuando ya no se siente esa reciprocidad el trabajador puede irse. Con ello la empresa también puede renovarse, tiene que mantenerse joven, porque hay empresas viejas, crackeleadas (neologismo de propia invención: del inglés crak, quebrado, ydel francés craqueler, agrietarse o volverse rompible).
 
¿Qué virtudes deben tener los líderes?
Yo no creo que se pueda fijarlas en una tabla. Los líderes son para una situación y para un momento dado. El factor común, quizá, es la energía que tienen para empujar a otros, si uno no tiene eso puede seguir a los que sí lo tienen. Pero ahora dicen cada cosa disparatada ... Yo hago una distinción entre el líder y el héroe. Por ejemplo, Shackleton y Scout, grandes mitos. Joseph Campbell fue un maestro para explicar los mitos, pero cuántos mitos hay en el mundo, hay un Shackleton, un Churchill y 10 más, son pocos. Entonces, ¿cómo es que con un curso haces un líder?
 
¿Qué valores empresariales deberíamos impulsar las nuevas generaciones?
Habría que mover las fuerzas para que cada joven pueda ir manejando de una manera viva su propio plan de desarrollo. La empresa se debe construir a partir de las cualidades que se hayan desarrollado de esa manera, y no a partir de los líderes cuyos padres hayan decidido qué debieron estudiar. Es terrible cuando uno instala en los hijos una visión que lo termina asfixiando.
 
¿Hay algo de lo cual te arrepientas?
Sí, porque me hubiese gustado ser Marilyn Monroe (risas). Bueno, en realidad, nací para hacer lo que hago, ya he venido con los genes para esto. Pero una cosa curiosa es que me gustaría ser agricultora, tal vez tiene que ver con mis ancestros. Soy una mujer eminentemente urbana, pero me encanta eso de cultivar tomates, hortalizas, en fin. Y si me preguntas en qué época me hubiese gustado nacer te diría que en el Renacimiento. Además de eso también me hubiese gustado ser piloto de aviones de última generación y gondolera veneciana.
 
¿Y qué piensas de la vejez?
Puedo enfocar el tema de la vejez desde dos dimensiones. Por una parte desde mi propia realidad; y también como consultora de gerentes y empresas que quieren una vida más plena y estimulante. Yo pienso que la infancia, adolescencia y juventud van hasta los 35 y 40 años. A partir de esa etapa comienza la adultez y vejez, que se extiende hasta los 80. Recién a partir de esos años comienza la tercera edad. Por eso la política de jubilarse a los 65 años es una estupidez completa. El cerebro siempre responde a estímulos, y puede establecer nuevas formas de renovación, de vigor, frescura, sabiduría y humor.

Una genia..gracias Doc
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